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La Fuente "ilusoria, la vida, a ella me encadena"Poesías y otros escritos ¡Gracias por tu visita!
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Rutinas del azar
Y vuelve, otra madrugada de rutas sin afirmar, en que divagan - en esta sala - tu sombra y mi estar;
lapsos que se fornican, solos, y entre si mismos, mientras nosotros quedamos igual.
¡Ea! ¡altérate centauro de mil vidas! que a nosotros nos caben, todas esas existencias y aún más, en un solo pulgar.
Que si fuera, y en esta jugada ganaras o perdieras, quizá no lo sabes, entonces, te lo aviso:
¿Qué crees? apostamos a lo mismo, retorcernos en un piso y amarnos en la duplicidad.
Pero, ¡caray! este empate de no hacer se nos arraiga, por ser incapaces de verbalizar la vida, no como gracia si no como un imán.
Y mira: del sexo, a la sexualidad, que yo sepa, no hay más que lanzar, acaso, trabar y alunarse en las piras, pirando libertad.
Fuensanta González® a 28 de enero y 1 de febrero de 2007 algunos enlaces a donde mi orfebreríaAlgunos sitios literarios a donde me hacen el honor de tenerme como miembro, y publicar algunos de mis trabajos.
Gabriel Impaglione
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Amontará
a la memoria del escritor Gerardo Cuéllar, mi tío, a donde estés: “El pasado soñar"
Hago de la palabra un zumbido, justo al amanecerme las montañas, los gemidos de los dioses y sus labios, que predican oceánicas, las gatas, Que de los celos facetados, en sus estrechas lenguas, profanan la dulzura de los sueños de Diógenes, iluminando las esquinas, con su lámpara de sátiro enmendado, y su fantasmal túnica deshilada.
Y Dharma, - como una gata - Brama al espectáculo ansiado, de verse poseída en las entrañas, Por el afamado que la espera, mientras tanto.
Y callamos, Como hijas de todas, nos hemos callado, Porque la plenitud del sexo, en alborada, no parece perecer ni con los cirios que alumbran las calles bizantinas, a donde surgió el primer desenfado Para el sublime granate, garantía de vida.
Entonces, saben los dioses, del Olimpo infinito, ¡altísimos! Que por cada sílfide, espera una ventura, Aventurada, más allá de los sigilos, los siglos y la necesidad de ser querida, por el diestro, maestro de los tiempos, Para enmendar cada ruina al unísono son de los pigmentos, espumas y cacerías, Como ha sido todo tañido.
Fuensanta González® A 20 de Abril de 2006
Diógenes iba por la calle en pleno día, con la lámpara encendida, diciendo "Busco un hombre" - reiriéndose a que nadie nos comportamos como seres humanos -
Fue puesto a la venta como esclavo, le preguntaron ¿qué sabes hacer? “mandar, comprueba si alguien quiere comprar un amo” - respondió - ¿Absurdo?
Para mí, con o sin venias
Preámbulo
Buscas la vieja manera de olvidar, recordando, oscilando en la memoria de la felicidad demencial al manantial del quebranto.
I
Parece que nada convence a esta alma ilimitada que sabe que lo efímero, por solemne no palidece.
II
Voy, tras las huellas de algo que me regrese a aquellos días de la monta cabalgando océanos a la libertad otra edad, ¿es esa la soledad? sólo, otra edad.
III
Tu vida gira en el corcel la mía en el tío vivo del ayer entonces, recordarme, estás muerto, y eso es.
IV Ya vuelvo, y me despeino contra la brisa de la tempestad la soledad de ti la soledad de mí Esta solitaria nostalgia sin piedad me acosa cada vez que algo oigo, Jesé.
V
¿Por qué? ¿tanto fue? pero más nada, que todo, yo se me esperabas tras el umbral aquel día de la colisión que me marcó enmarcando el raudal de novedades nefastas, insuperables fatuas, como deidades del propio signo del embrujo sacrílego.
VI
Me olvide de mi ser todo para ser otros, deseos de otros sueños de otros paseos de otros vidas de otros.
Todo a subsanar como encargo de un cielo fantasmal, que de azul y sus rasos nada tienen acá, todos, todos, te los llevaste al más allá, Jesé
VII
No cambie tu breve destino, no tuve la concisión no tuve la condición no tuve la conclusión no tuve, y eso resuena en mí cada vez que veo a alguien partir.
VIII
Hubiera, me dije mil veces hubiera, y es ella, es ella, esa maldita hubiera, quien se ríe y me afrenta no hay hubiera sin mi hubiera, me sentencia la cretina y me rindo ante esta hiena que me atrapa en su esfera, en su trópico de lamentos mis lamentos, mis llantos adentro, mares adentro, y Jesé, me pregunto si bastaría para darte una estrella nueva el amor que no te di el sueño que no te compartí.
XIX
Aunque escriba y escriba una y otra vez, esta nostalgia de ti, dos décadas después, nada me llega, nada me llena, un todo de mi te lo llevaste.
Tu todo lo disfrutaste aquí, lo se, entonces, Jesé ¿porqué este dolencia? ¿Por qué esta tristeza? ¡Vamos! dime que todo está bien que siga con mi vida, entiéndanla o no la entiendan.
X
Toma mi mano, Pídeme que baile como hacía contigo en vida, y abrazo, Jesé mi amigo, mi amigo.
XI
Montar los caballos, paseando montes y llanos, Reír hasta no poder hablar y tus veintidós años de vida con tu alegría pegada a la mía. Fumarnos un cigarro, tras otro, en la oscuridad de la noche en el rancho, en ese espacio, a donde nunca volvimos.
XII
¿Quedarían nuestras huellas los ecos de nuestras primaveras los silencios permitidos los gritos remitidos tus ganas de vivir y tu dignidad al desahucio?
XIII
¿Qué quedó Jesé? ¿Qué me quedó acá, que no termina de fraguar? que no añade, y si perjudica, No decir a tiempo no decir sólo te quiero porque te quiero, ¡y ya!
Epílogo
¡Fuensanta!, vuelve en ti, ¡afánate!, fúndate como siempre, La fuerte de las fuertes, ponte la armadura de hierro sal a pasear un momento y olvida, olvida sin mencionar, como sabes, como puedes, ¡Anda! que es una suerte, a estas alturas y con sendas magulladuras al alma, estar con vida, vivenciar estar y ver pasar.
Fuensanta González® A 7 de Abril de 2006
Centro
Hoy, camino lento,
sesgado, soplo y ando
las nubes más blancas
sobre la tierra crucificada,
la mirada lejana
los brazos abiertos
al horizonte nuevo
que me ensayo,
Canto, y no me retracto,
acto prístino del abrazo
en las alas de mi espera,
serena, quieta.
Y sólo una brisa me alimenta
la belleza de la vida
que me reacomoda
en ese extracto
del exacto momento
en que me llama
la esperanza de paz eterna
interna y larga,
externa y bien delineada
sobrevolando las Iliadas,
Alianzas de las musas
que ahora me encarnan.
Fuensanta González®
A 17 de Marzo de 2006 Ramificándote
Ramificándote
I
¡Que importuna soy!
¡Sin diamantes, y con diantres!
Atravieso luceros, Ojos de ternura y ángeles caídos como yo, ¡tan esclavos!
Llego a la parra antes de las seis, y quiero todo el sol de tu estandarte.
Estrella sonámbula voy, sombreando las luces, y los cruces de la aventura.
Destorciendo los retablos de las tallas de tu gala. Descolgando el ayer, De la pared de lamentos, - eternas esperas - Y en las esteras, - alucinarte - .
II
Pero ¡qué impropia estoy! Determinante de impares, Arándote el olvido, ¿Será?
Me lluevo al revés, a los arcanos de tus esporas, delirando derramarme Yerma, … ¡siempre imaginándote!
III
Corono laurel, Aromo feroz, la vasija cóncava renaciente, que se resplandece al éter de ajada quimera.
Creí vencidas las ilusiones, antes de la mística de tus explicaciones. Y en mi yema, tu frágil estaca, me seguirá, de por muerte.
IV
Y de mi vida en vértigo, a este cuerpo - metamorfosis de Isis – por siempre, - sin suerte - ramificándote.
¡Jamás! - me dirías – ¡Quizá!
V
A más, sigo lloviendo tu simiente, por si aflora, - ulterior al trueno - tu incipiente, valía postergada, y mi atrever nutriente.
Todo por si la hazaña, y el seísmo, dan cabida a esta nostalgia, de realidades abatida.
Aforismo:
Paraíso perdido, en las huellas de tus manos, a donde cabe mi equilibrio, tu sinrazón, esta estúpida pasión, que me va lacerando, y esa canción, de nunca habitarnos.
Fuensanta González® A 23 de Octubre de 2005
FusiónFusión
Las sílices de la mar en calma, bravías, en el fondo, se resumieron en un broche, Para la trenza de la dama, azul, de medianoche.
Flotaba sobre las olas, de la tormenta, atormentada, Aguas natales de sus llantos, de las ahogadas ganas de sexos, de los deseos de sus senos.
Y fue así, que la fusión de dos mareas alejaron los cimientos, las conchas y los ataúdes de todos sus amores muertos, Bajo la penumbra peninsular de un amanecer de cenizas, enmantada de viejas cruces.
Al fin, se vio a si misma sin enmarcados espejos, ni lunas ni cardúmenes de nadie a sus ojos presos, Y de la lentitud agónica de esperar, de su suspiro nacieron estrellas, secuaces de sus labios dulces.
Fuensanta González® A 30 de Enero de 2006
Un fa
Un fa
Debí tenderme en la cama Y sólo esperar la amanecida Esbozar a tu pecho una sonrisa Ahora que aparece la calma Y tu imagen me llega en rimas.
Debí pensar en otra gama No ese pálido azul que te transita Nunca has estado ni estarás en vida Entre mis brazos, alfareros de la trampa Me quedo con tu voz que me domina.
Está lejos, el porvenir que ha pasado No moro los insomnios de tu alfabeto Y persisto en enviarte cuanto cuento Por si acaso las musas me musitan En la pluma de ángel que te habita.
Y sea que me escribas unos trazos Borrosos, lastimeros y piadosos Desde las calles de lo vedado, perentorio, Y me puedas disipar en un tono Un fa que resuene entre tus coros.
Fuensanta González® A 20 de Enero de 2006 |
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